Como si se tratara de una ley de tránsito veneciana, en Cuba las críticas políticas deben circular siempre por "los canales correspondientes", de lo contrario pueden ser tomadas como malintencionadas e incluso contrarrevolucionarias. Eso sí, canales no faltan, desde los Comités de Defensa de la Revolución, la rendición de cuentas del delegado, las reuniones del Partido y la Juventud, de la Federación de Mujeres, de los sindicatos, de la asociación de estudiantes, asambleas de producción, etc.
Todos los cubanos tienen por lo menos un "canal correspondiente" a través del cual opinar sobre los temas más diversos. Las cosas se complican cuando la critica hay que hacerla a través del funcionario criticado o de algún amigo suyo.
Y es difícil porque los canales siempre terminan uniéndose. En un centro de trabajo, por ejemplo, da igual usar el canal partidario, el sindical o el administrativo, porque al final todos terminan tomando café en la dirección de la empresa.
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